FOMOasis

FOMOasis
Vacío existencial, descripcion gráfica (Wembley Stadium, Londres. Fuente propia)

Orlando, Florida
Disney's All-Star Resort
31 de Agosto de 2024 - 6:30H.

Tras más de 3 horas de espera, me dispongo a pagar las entradas para el que ha sido (y seguramente será) el concierto que más he disfrutado en toda mi vida: Oasis Live'25. Pero no todo son risas, los amigos de Ticketmaster se han marcado un triple con el famoso dynamic pricing y poder ver a mi grupo favorito 16 años después (en el estadio de Wembley eso sí) me costaría algo más que trasnochar.

Vuelos a Londres en pleno verano (el concierto sería el 30 de Julio de 2025), hotel, comidas, merchandising y la cerveza de rigor no se puede decir que sean gastos menores. Es el precio a pagar para estar donde todo el mundo quiere estar. Pero eso, en aquel momento, era un problema del Javier del futuro, todavía me quedaba todo un día en Disney Hollywood Studios (donde pude disfrutar de otra de mis pasiones: Star Wars) por delante, aunque eso lo dejamos para otro día.

El reciente estreno del documental de esa misma gira a la que tuve el inmenso privilegio (pasando por caja) de acudir me ha devuelto de nuevo a esos días del verano de 2024 llenos de rumores constantes sobre la gira en la que los hermanos Gallagher volverían a compartir escenario. Días esperando el anuncio oficial, otros tantos planificando la estrategia para poder sacar las entradas con un desfase horario de 6 horas y en pleno viaje familiar en The Most Magical Place on Earth... y tan solo unos segundos para ejecutar la compra para un día que no fuese a tener tanta demanda.

Todo ese proceso me ha hecho recordar cuánto ha cambiado el panorama de la música en vivo a lo largo de los últimos 20 años (alerta viejales). Todavía recuerdo cuando las entradas se sacaban en tiendas especializadas, El Corte Inglés (que ha conseguido mantenerse ahí) o en sitios tan random como Halcón Viajes. Antes había demanda, había colas y seguía habiendo auténticos locos de la música en directo, pero las barreras de la compra física eliminaban a gran parte de la competencia. Sin ir más lejos recuerdo la gymkana para comprar las entradas para ver a los Rolling Stones durante su famosa gira Forty Licks en el estadio Vicente Calderón, teniendo que hacer pellas para escaparnos al Halcón Viajes más cercano a la universidad y conseguir el preciado botín.

Los factores más determinantes a la hora de sacar entradas son la profundidad de tu cartera y el tiempo que puedas dedicarle a una cola virtual.

Hoy en día entre la venta online, las plataformas de ticketing con sus condiciones y precios abusivos, y las redes sociales y el FOMO (ese Fear Of Missing Out que nos ha convertido a todos en adictos a no perdernos nada), han conseguido que acudir a un concierto se haya convertido en una misión imposible. Esta mezcla explosiva ha conseguido que los factores más determinantes a la hora de sacar entradas para un concierto sean la profundidad de tu cartera y el tiempo que puedas dedicarle a sentarte en una cola virtual. Dos factores que suelen ser proporcionales al nivel de FOMO que sufra el interesado.

Y si no me crees, aquí te dejo algunos datos sobre la gira de Oasis que ponen todo esto en perspectiva:

  • 10 millones de fans de 158 países haciendo cola a la vez para la venta de los conciertos de Reino Unido e Irlanda (alguno con medio millón de personas por delante) [NBC News]
  • El salto de precio con entradas anunciadas entre 86 y 150 libras que acabaron por encima de 400 gracias al dynamic pricing [NPR]
  • La investigación del gobierno británico a Ticketmaster y la cancelación de miles de entradas revendidas [Loudwire]

En el caso de Oasis, todo el proceso estuvo bajo mucho escrutinio dada la relevancia del evento, pero con muchos otros conciertos las largas colas, precios abusivos y sensación de "va a ser imposible sacar una entrada" se repite una y otra vez.

Pero una vez superado el trauma de la compra de entradas, toca ponerse el traje de faena y presentarse al evento con un mar de dudas inundándote la cabeza. No lo neguemos, el efecto FOMO hace que ir a un concierto hoy en día sea una lotería, no sabes cuál de los 4 caballos del apocalipsis del postureo te va a tocar:

  • El documentalista: graba cada segundo del concierto como si fuese un documental de National Geographic
  • El tertuliano: se pasa el concierto hablando con sus amigos, más pendiente del ambiente que del concierto en sí
  • El cosplayer: no sabes si va disfrazado del cantante del grupo o del payaso de Micolor
  • El social: más pendiente de su feed de instagram y de postear un story que de otra cosa

Y ojo, no niego que todos (yo incluido) caigamos en alguno de esos estereotipos en algún momento. Todos queremos inmortalizar algún momento clave del concierto y compartirlo en redes, otras veces comentamos con nuestros acompañantes sobre la fauna local o si el concierto está cumpliendo las expectativas y ¿quién no se ha puesto alguna camiseta especial para ir a un concierto? Pero creo que a lo que me refiero está a otro nivel.

No creo que vuelva a ver un estadio con 75.000 personas más en sintonía con una banda de música.

Lo sorprendente en mi caso fue plantarme en Londres, estadio de Wembley un 30 de Julio de 2025 y vivir un ambiente en un concierto que pocas veces he vivido en los últimos 20 años. Es difícil de expresar, pero no creo que vuelva a ver un estadio con 75.000 personas más en sintonía con una banda de música. Todo el mundo se sabía TODAS las canciones, todo el mundo cantaba y se emocionaba y vibraba con cada una de ellas. Padres con sus hijos adolescentes (nativos digitales, ajenos a lo que supuso Oasis en la vida de sus padres) dándolo todo. Desconocidos abrazados unos a otros saltando y coreando sin parar.... y como estos, innumerables ejemplos más. Reconozco que no me lo esperaba, me sorprendió, pero también supe que si alguien podía hacer algo así, esos eran los hermanos Gallagher.

Pero seamos justos. Esto no es algo exclusivo de Oasis, sería fácil, injusto y sesgado hacer una valoración así de mi grupo favorito. Hay otro concierto reciente en el que pude vivir algo parecido, con sus diferencias y matices pero similar en cuanto al ambiente y esa conexión público-artista. Ese concierto fue The Eras Tour de Taylor Swift (Madrid 30 de Mayo de 2024).

Dios me libre de hablar bien del Bernabéu, es más, si puedo evitar pasar cerca o entrar, lo hago. Pero para mi desgracia los dos únicos conciertos que pudo dar Taylor Swift en Madrid fueron ahí. No voy a entrar a valorar el recinto mucho más, no lo merece, pero lo que sí creo que viene a cuento es lo que viví ahí dentro. No me considero un Swiftie, y tampoco conocía la discografía de Taylor Swift en profundidad antes de saber que podría asistir al concierto acompañando a mi mujer (la "fan" en este caso), por lo que tuve que hacer los deberes durante varios meses para poder valorar lo que iba a vivir.

Conclusión: un ambiente difícil de replicar (véase Oasis un año después), un público que se desvive, una artista de los pies a la cabeza, un repertorio casi perfecto y un show difícil de superar.

Pero Oasis y Taylor Swift son ejemplos extremos. El resto de conciertos que he vivido demuestran que el ambiente depende de una combinación de factores: artista, público, recinto, precio, fecha...

Durante los últimos años he podido vivir conciertos de todo tipo de artistas, grandes estrellas internacionales, viejas glorias, grupos nacionales o leyendas del rock y aunque todos fueron grandes conciertos, acabas encontrándote de todo, aquí un par de ejemplos:

  • Dua Lipa: Es un concierto que te mantiene animado todo el rato y Dua Lipa moviliza bastante. Como nota negativa, había mucha pose para Instagram, mucho FOMO acumulado
  • AC/DC: lo viví en grada con mi hijo (su primer gran concierto) y lo disfruté mucho. Público muy variado pero muy en sintonía con la banda. Poco postureo, no es un concierto que "no te puedes perder", no hay suficiente novedad como para generar FOMO, tan solo Rock & Roll

Y llegamos al punto final de mi disertación sesgada, personal y subjetiva sobre los conciertos y el FOMO con dos eventos que lo ejemplifican a la perfección. Por un lado tenemos los festivales, en este caso me centraré en el único que he podido vivir de forma algo regular -Madcool- y los famosos conciertos de Bad Bunny en el estadio Metropolitano de Madrid a los que no tuve el placer de acudir.

Mi relación con los festivales es simple: si el cartel tiene un par de nombres que me llaman, voy, disfruto y de paso descubro grupos que acaban en mi lista de reproducción (buenos ejemplos serían Imagine Dragons y The Black Keys). Es un win-win de manual.

Lo triste es ver que, tras varias experiencias en el festival Madcool, hay un amplio número de asistentes a estos festivales que van literalmente a echar la tarde con los colegas, tomarse unas cervezas y molestar a los que estamos ahí intentando disfrutar. Es posible que los recintos no ayuden, parecen más un parque de atracciones que otra cosa, pero hemos llegado a un punto en el que lo importante de un festival (la música) queda relegado a un segundo plano, por detrás de la foto en el spot de turno, la zona vip llena de influencers o los foodtruck con la hamburguesa más guarra que se te ocurra... un FOMO de manual.

Las reglas del FOMO son como una amante esquiva: impredecibles, inestables y ligadas a un oportuno golpe de suerte.

Con Bad Bunny creo que se vivió algo más extremo todavía. Se convirtió en the place to be en Madrid del 30 de mayo al 15 de junio. Pero no solo entre los meros mortales, para los influencers y famosos de nuestro país el no estar en la famosa casita de Bad Bunny era un sonado fracaso. En este caso se cumple una curiosa situación: El concierto es un absoluto éxito, entradas vendidas en minutos, cientos de miles de stories en instagram y mucha gente dando envidia por redes pero luego nadie es capaz de asegurar si el concierto fue un prodigio musical. Es más, la mayoría de la gente concuerda en que Bad Bunny no es un ejemplo de buen cantante. Ahí hay que romper una lanza a su favor y matizar que un concierto es más que una buena voz y una música acorde y no seré yo quien lo entre a valorar sin haber acudido. Pero no deja de ser paradójico que un artista del que mucha gente renunciaba y no valoraba tanto antes del concierto ahora sea lo más tras haber ganado el Grammy a mejor disco y haber realizado el show durante el descanso de la Super Bowl. En conclusión, las reglas del FOMO son como una amante esquiva: impredecibles, inestables y ligadas a un oportuno golpe de suerte.

Algo a lo que se agarran las plataformas de ticketing y las promotoras de conciertos, que no dejan pasar la oportunidad para generar expectativas, escasez y una profunda sensación de frustración cada vez que toca sacar entradas para un concierto. No digo que sean los culpables, al final es hacia donde vamos como sociedad y nos pasa en muchos otros ámbitos (deporte, cultura, viajes). Nos hemos convertido en esclavos de las experiencias y ya no es válido comprar un disco y escucharlo, tienes que vivirlo. No puedes ver un documental sobre Japón y su cultura, tienes que visitar Tokio, Kioto y Osaka o no podrás hablar del país nipón con autoridad.

Lo que por una parte es algo muy positivo -accesibilidad-, se ha convertido en aquello que juró destruir: la barrera de entrada. Suena parajódico (que diría mi abuelo) pero es cierto que, cuanto más accesible es algo y no solo por precio -el canal o la ubicuidad también ayudan-, más difícil es hacerse con ello. Pero esto no evitará que me pase 3, 4 o 5 horas delante de una pantalla en la otra punta del mundo si con eso puedo ver a mi grupo favorito en su próxima gira.

Javi Riestra

Javi Riestra

Standard nerd. Data Analytics. Star Wars. Atlético de Madrid.
Madrid